18 de abril de 2010


Viaje a Bélgica - Día 6


Jueves 8 de abril de 2010


Después de nuestro último desayuno en el albergue, cogimos el metro para ir al centro de Bruselas. Como habíamos pensado, era el momento justo para hacer las últimas compras. Fuimos a la zona del Manneken Pis, donde hay un montón de chocolaterías. Al principio tenía en mente comprar bombones, pero son bastante caros, así que decidí comprar unas tabletas de diferentes chocolates que venden en "Leonidas". Ni que decir tiene que el chocolate estaba buenísimo. Cada tableta costaba 1 €. Así que, con poco dinero quedas bien con tu gente y además no tienen que buscar un sitio para poner el típico regalo hortera como es muy común. Por eso recomiendo, siempre que sea posible, que los regalos de viajes sean gastronómicos. Todos los sitios tienen bebidas o alimentos típicos.

Cuando acabamos de comprar, volvimos al albergue para recoger las maletas y cogimos el coche para ir al aeropuerto de Dusseldorf (Weeze). Salimos con bastante tiempo y nos vino muy bien. En una desviación nos confundimos de salida y estuvimos perdidos por Holanda hasta que entramos a preguntar a una gasolinera (momento en el que me acordé del GPS, jajaja). Más o menos aclaradas nuestras dudas, seguimos nuestro camino.

Paramos a comer en un área de servicio, donde preguntamos de nuevo si íbamos bien encaminados, por si acaso. Estábamos en el buen camino. Después de comer, seguimos la ruta hasta el aeropuerto.

Y se acabó lo bueno, otra vez para casa hasta el próximo viaje.

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13 de abril de 2010


Viaje a Bélgica - Día 5


Miércoles 7 de abril de 2010

Hasta este día y pese a estar alojados en Bruselas, no habíamos visto nada de la capital (solo la Basílica de Koekelberg, que estaba cerca del albergue). El martes después de cenar, planificamos qué íbamos a ver y en qué orden. También decidimos que para lo que íbamos a visitar no merecía la pena comprar la Brussels Card.


Después de volver a ver la Basílica de Koekelberg, cogimos el metro (gratis) y nos dirigimos a ver el Atomium. No entramos, era caro y habíamos leído en varios sitios, entre otros el libro de visitas del albergue, que no merecía la pena entrar (recomiendo que echéis una ojeada a estos Guestbooks, no tienen desperdicio y te enteras de bastantes cosas).


Tras ver el Atomium, volvimos a coger el metro para ir hacia los edificios de la UE, coincidiendo con la presidencia económica española del Consejo. Había alguna escultura interesante por allí. Cuando vimos los edificios, caminamos hasta el Parque del Cincuentenario.



Después, cogimos nuevamente el metro para ir a la parte alta de la ciudad. Vimos el Palacio Real y paramos a ver el Museo de Instrumentos Musicales (sin duda, el mejor museo que vimos en Bélgica). El museo está dentro de un edificio Art Nouveau, los almacenes Old England. Pasamos más tiempo del previsto en el museo y era la hora de comer.


Fuimos hacia el Palacio de Justicia, donde hay un ascensor gratuito que comunica la parte alta de la ciudad con el barrio des Marolles. Teníamos pensado ver el mercadillo de esta zona, pero llegamos cuando estaban recogiendo. Vimos algunos muros pintados con viñetas de cómic y, después de comer, seguimos con la ruta.


Atravesamos andando la ciudad, viendo la catedral, para llegar al Museo del Cómic. El museo no estaba mal, pero había cómics de los que no habíamos oido hablar en la vida. Este museo estaba también dentro de un edificio Art Nouveau. Muy recomendable la tienda.


Después de ver el museo, agotados de 5 días de caminatas, fuimos al centro de Bruselas. Encontramos la estatua de Jeanneke Pis (la versión en niña del Manneken Pis y, a mi juicio, más bonita). Frente a la estatua está el Delirium Café, con el record Guiness al mayor número de cervezas diferentes, más de 2000 cervezas de todo el mundo. Tomamos la cerveza de allí, la Delirium Tremens (rubia, bastante buena).


Para acabar el día, fuimos a ver la Grand Place y el Manneken Pis. Luego cenamos lo típico, mejillones con patatas fritas (en Cantabria hacen mejor los mejillones en casi cualquier sitio que allí). Mal cenados, fuimos en metro hasta el albergue, donde caímos derrotados en la cama. Hablamos de volver al día siguiente a la zona del Manneken Pis para comprar chocolate para llevar a España y nos quedamos fritos cual patata belga, jejeje.



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Viaje a Bélgica - Día 4


Martes 6 de abril de 2010

Nos despertamos y al mirar por la ventana ¡¡¡no vimos nubes!!! Todo estaba completamente despejado. Al principio no nos hicimos demasiadas ilusiones, estábamos en Bruselas y en Brujas era posible que no hiciera igual de bueno. Pero resulto que hizo un buen día también allí.

De camino a Brujas, nos cogió otro atasco, esta vez mayor que el del día pasado. Pero tampoco se nos hizo demasiado pesado. Pusimos la música a tope, bajamos las ventanas y amenizamos un poco el embrollo. Lo mejor fue cuando paso en un coche una chica haciendo lo mismo que nosotros pero contenida (estaba escuchando música y bailando, pero con las ventanas subidas). La miramos y empezamos a bailar como ella. Al principio se puso roja como un tomate, pero luego se reía y nos siguió el rollo, jajaja.

Una vez en Brujas, fuimos directamente a la otra punta de la ciudad para ver los molinos. Después, como era ya bastante tarde, decidimos buscar un sitio para comer. Como queríamos ver después el museo del chocolate (Choco Story), nos quedamos a comer en la plaza Van Eyck, que quedaba cerca. La comida fue un timo, nada barato y muy poca calidad.


Después de comer fuimos al museo del chocolate. No merece la pena que gastéis vuestro tiempo en ir a verlo. No es interesante. Creo que nos salimos a los 10 minutos de entrar como mucho.

Tras el chasco del Choco Story, fuimos a ver el museo de la cerveza De Halve Maan. Este sí fue interesante. La visita guiada era en inglés, francés o neerlandés. Fuimos en el grupo inglés y la guía hacía chistes malos contínuamente. Había una señora con una cogorza fina que se los reía todos, jajaja, fue gracioso. Desde la azotea se podían sacar unas buenas fotos de la ciudad.


A la salida, te daban una Brugse Zot rubia. Muy rica, pero no tanto como la que tomamos antes de entrar al museo, la Straffe Hendrik, de la misma marca pero tostada triple.


Después de andar un poco más por Brujas, cogimos el coche con dirección a Gante, a donde llegaríamos ya casi anocheciendo. Aparcamos el coche en la calle, en la plaza de St. Jacobskerk. Era zona con parquímetros, pero era barato y tampoco teníamos pensado estar mucho tiempo.

Gante es una ciudad muy pequeña y su principal atractivo es, siendo ya bonita de por sí, su iluminación cuando cae la noche (premiada con 3 estrellas Michelin). También hay muy buen ambiente, muchos estudiantes de Erasmus (muchos de ellos españoles). La pena fue que buena parte de Gante estuviera levantado por obras, haciendo que faltara también un poco de iluminación en algunas zonas.


Sin duda, la zona más conocida de Gante es Graslei y el puente St. Michiels. Estaba lleno de gente tomando algo en la calle. Nos gusto mucho todo, pese a que estuviera un poco "patas arriba" por las obras, es una ciudad que tiene un gran atractivo.


Tras ver Gante, el cansancio ya se empezaba a notar después de 4 días desgastando suela por todo Bélgica. Volvimos al albergue en Bruselas para descansar y preparar la visita a la capital.


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12 de abril de 2010


Viaje a Bélgica - Día 3


Lunes 5 de abril de 2010


Como siempre, nos levantamos pronto para desayunar y prepararnos para salir, esta vez hacia Brujas y con la compañía de Ye Ji.


Nos tocó aguantar un atasco monumental en la carretera, sobre todo hasta la desviación de Gante. Aprovechamos para practicar nuestro "fluído" inglés de Potes con nuestra amiga coreana, así que, no hay mal que por bien no venga. Hablamos de todo un poco: de qué parte de nuestros países somos, de nuestros nombres, de a qué nos dedicamos... Hasta nos escribió nuestros nombres en coreano. Fue un atasco muy entretenido.

Teníamos pensado ir directamente de museos y recorrer las calles de Brujas por la tarde, pero como fuimos acompañados de Ye Ji y se tenía que ir pronto hacia Rotterdam, decidimos ver la ciudad. También tomamos la decisión de volver al siguiente día por la mañana para ver los museos (aunque no nos diera demasiado tiempo...).


Evidentemente, después de sacarnos la tarjeta Brugge City Card en el puesto de información turística del Concertgebouw, lo primero que hicimos fue dar un paseo en barca, imprescindible. Nos gustó mucho. Cuando acabamos de ver la ciudad desde los canales fuimos, callejeando por Brujas, a comer a un restaurante italiano (uno de los muchos que hay esparcidos por todo Bélgica...).


Después de comer, acompañamos a Ye Ji a la estación para que cogiera su tren a Rotterdam. Tras la despedida, decidimos probar un gofre (bastante caros y nada especiales, son casi iguales a los que se pueden comer en cualquier feria en España, aún así, estaba bueno). El día empezó a abrir y por fin vimos el sol en Bélgica (sí, allí también existe).


Luego, seguimos caminando por la ciudad, viendo sus monumentos, sus iglesias, basílicas, torres... Vimos el Minnewater y acabamos, cómo no, en una cervecería probando la cerveza típica de Brujas, la Brugse Zot. Hay tres tipos de cerveza de esta marca: la rubia (buena), la doble (tostada, pero muy aguada, no muy buena) y la Straffe Hendrik, tostada triple (buena). En esta ocasión probamos la peor, la doble, pero al día siguiente nos esperaban las otras en el museo de la cerveza De Halve Maan.


Al salir de la cervecería, paseamos un poco más por Brujas y volvimos a por el coche, en la estación de tren. Al principio teníamos pensado aparcar en Magdalenastraat por ahorrarnos un poco de dinero, pero en la estación, el coche estaba bajo techo y costaba sólo 2,50 € por día. Volvimos a Bruselas y conocimos a nuestra nueva compañera de habitación, Judith, de origen chino. Con ésta no hablamos mucho, aunque lo intentásemos. Era mucho más introvertida y reservada que Ye Ji.

Después de cenar, nos fuimos a dormir esperando que el día siguiente fuera tan soleado como había quedado por la tarde.



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10 de abril de 2010


Viaje a Bélgica - Día 2


Domingo 4 de abril de 2010

Nos despertamos encontrando de nuevo un día lluvioso. Desayunamos en el albergue y cogimos el coche para ir a Dinant, en Valonia, la parte francesa de Bélgica. Las carreteras son bastante malas, llenas de parches, grietas, etc. Eso sí, es muy fácil conducir por ellas. La mayoría del tiempo van en línea recta. En Holanda son mucho mejores, el asfalto estaba uniforme y el coche no botaba. Se notaba un gran cambio cuando pasabas de un país a otro.

Dinant es precioso, nada que ver con las típicas ciudades belgas con casas pegadas de tejados escalonados, era totalmente diferente. Es la ciudad del saxofón y se nota en cuanto caminas unos pocos segundos por sus calles.


El inventor del saxofón (y de otros instrumentos de música), Adolphe Sax, nació allí en 1814. Dos de los viajeros somos saxofonistas y teníamos un especial interés en conocer Dinant. Además, aquí se celebra el concurso internacional más importante de intérpretes de saxofón cada cuatro años (este año toca), así que algún día volveremos.


En Dinant hay un dulce típico, la coca de Dinant, hecho sólamente con harina y miel. Está duro como una piedra. Hay que partir trozos pequeños (casi hace falta un martillo para poder partirlo) y chuparlo como si fuera un caramelo. Lo que tienen de particular son sus formas y dibujos. Su sabor no es nada del otro jueves.


De visita obligada es la Colegiata de Dinant, tanto por fuera como por dentro. Es sorprendente, de estilo ojival primario y con grandes vidrieras (s. XV). También es muy aconsejable un paseo por las riberas del río, llegando hasta la Rocher Ballard. Para subir a la ciudadela (en teleférico) hay que pagar 7 €, razón por la cual no subimos. Eran visitas guiadas en francés y neerlandés y nos pareció que íbamos a perder tiempo y dinero. Aún así las vistas desde allí arriba deben ser bastante buenas.


Hay varias cervezas en esta zona de Bélgica, la más conocida es la Leffe, pero se puede probar fácil en España. Nosotros decidimos probar otra, la Gauloise rubia. Fue un acierto, estaba buenísima.


Después de comer, fuimos hacia Rochefort. De camino, la vejiga apretaba, así que tuvimos que parar en otro pueblo, del que por desgracia no sabemos ni el nombre, pero era muy bonito. Os dejo una foto.


Después, proseguimos el viaje de camino a Rochefort. Allí paseamos tranquilamente por sus calles. Vimos el castillo, el ayuntamiento, la catedral...


Pero lo más importante, probamos la que, para mí, es la mejor cerveza tostada de las que tomamos, la Trappistes Rochefort.



Después de andar un poco más por el pueblo, fuimos de vuelta a Bruselas. En el albergue, conocimos a nuestra compañera de habitación, Ye Ji, una coreana de la que nos hicimos amigos. Antes de irnos a dormir planificamos ir a Brujas con ella al día siguiente.


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Viaje a Bélgica - Día 1


Sábado 3 de abril de 2010


La salida del vuelo en Santander fue a la hora prevista, aunque uno de los viajantes casi no llega a facturar. Ya sabéis que en Ryanair cierran la facturación 40 minutos antes de la salida del vuelo y como llegó, como se dice en mi tierra, "con la hora pegada al culo", no le dio tiempo a pesar la maleta antes de facturarla. Se pasó de peso, así que 20 euritos de multa.

Tras el vuelo, llegamos a Weeze, en Dusseldorf (Alemania) y después de coger las maletas, fuimos al stand de Europcar a por las llaves del coche que teníamos reservado. Nos dieron un Renault Twingo Rip Curl y era gasolina, no diesel como en principio queríamos. Aquí pecamos de inexpertos ya que no miramos cual era el carburante del coche hasta que tuvimos que parar en una gasolinera. Nuestras sospechas (un gasolina no hace el mismo ruido que un diesel) se confirmaban, era gasolina, más consumo, más gasto. Aprovecho para decir que la gasolina en Bélgica y Holanda es bastante más cara que en España. En Bélgica, la Sin Plomo 95 estaba alrededor de los 1,486 € el litro y en Holanda pasaba del euro y medio. En España, concretamente en Santander, de donde soy, no llega a 1,19 € el litro.

Cuando llegamos al albergue, ya en Bruselas, nos encontramos la primera buena noticia, todos los recepcionistas hablaban español. Nosotros sabemos hablar inglés y un poco de francés, pero siempre es todo más fácil en tu idioma y más cuando estás recién levantado. Al lado del albergue había una estación de metro y aparcamiento gratuito, más buenas noticias. Lo del metro es un tanto ridículo. Hay máquinas para sacar los billetes, pero no hay barreras ni controladores. Cogimos un billete por si acaso aparecía de repente un revisor y nos metía multa, pero no fue así, por lo que... ¡¡¡otra buena noticia!!!, el metro en Bruselas sale baratísimo (gratis).

Llovía bastante, así que tuvimos que comer en el albergue. Después salimos en coche hacia Amberes. Las rutas en coche las saqué de Google Maps. Uno de mis compañeros de viaje, el mismo que llegó tarde al aeropuerto, iba a llevar GPS pero yo imprimí todas las rutas y ¡¡menos mal!! El GPS que llevó no tenía instalados los mapas de Europa, lo cual fue motivo de risas durante todo el viaje, pero podía no haberlo sido...

En Amberes, aparcamos al otro lado del río Escalda. Era totalmente gratuito. Para cruzar el río e ir al centro pasamos por un túnel de más de medio kilómetro.


Es destacable en esta ciudad la plaza Grote Markt donde se encuentra la estatua de Brabo, el héroe de la ciudad a la que da nombre. La leyenda cuenta que Brabo cortó la mano del gigante Antígono y la lanzó lejos. De ahí el nombre de Ant-werpen (mano-lanzada).


Podríamos decir que es el corazón de la industria del diamante, pero es un tema poco atrayente para nosotros y no vimos nada relacionado con ello. También es aconsejable la catedral. Por lo demás, callejear un poco por la zona vieja y tomar la cerveza local, Koninck. Está rica y es muy barata, las tres que pedimos (tostadas), nos costaron 5,40 €. Por cierto, el símbolo es una mano, qué original... jejeje.


Este día no dio más de sí. Regresamos a Bruselas y descansamos esperando que el domingo no fuera tan lluvioso.


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